jueves, 22 de noviembre de 2007

La lluvia madrileña

La lluvia es un fenómeno necesario e imprescindible para la vida de los humanos, pero no siempre es tan bucólica como nos hacen ver ciertos literatos. La lluvia en Madrid significa estado, significa agitación desmesurada de las personas que acaban confluyendo en los mismos puntos, las vías de comunicación y los transportes.
No hay peor día para utilizar los transportes, públicos y privados, que en los días de lluvia. En los transportes privados acabas irremediablemente en un atasco y estresado. En el transporte público acabas atascado, hacinado o expuesto a las inclemencias esperándolo. Un caos que no se repite, salvo en casos puntuales, los días de diario.
Por las aceras el tema no mejora, la gente no sabe caminar con un paraguas abierto, es el mejor día para comprobar la incivilidad de las personas. No se preocupan si te dan con las varillas del paraguas en los ojos (divinas gafas ese día), si te golpean... es como si fueran en una burbuja y el resto no importara. Además está demostrado que en Madrid no hay una cultura "del paraguas", suele ser el más cutre y feo, mientras que en otros países forman parte del atuendo y de la personalidad.
Madrid es fea los días de lluvia, se vuelve más gris de lo que es. El asfalto es más gris, las paredes se tiñen de tonos grises y la suciedad de esas paredes se nota más con ennegrecidos de la polución y oxidados de los tubos. Hay ciudades que con la lluvia ganan porque sus parques verdes resaltan como son las ciudades inglesas o por el tipo de piedra que utilizan para sus construcciones como Salamanca.
Madrid se puede señorear de un otoño bello, con sus lluvias incluso, pero moderadas. Y sobre todo, de la mayor oferta cultural que en otoño es algunos casos es excesiva.

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